Borja Iglesias Quintás, nacido el 13 de enero de 1993 en Santiago de Compostela, se inscribe en la historia del fútbol como el primer jugador gallego en ganar una Copa del Mundo. El delantero español alcanza la máxima gloria del deporte rey tras una trayectoria marcada por la constancia y la determinación.

La Selección Española se corona campeona mundial 2026 en una final que quedará grabada en la memoria de los aficionados. El gol decisivo llegó de la mano de Ferrán Torres en el minuto 106, en un encuentro que se definió en la prórroga y que consolidó el dominio español en la competición.

Un sueño hecho realidad

Para Iglesias, la conquista del trofeo representa la consumación de un anhelo que alimentó durante años. El ariete compostelano siempre soñó con vestir la camiseta de la Roja en la máxima cita futbolística mundial, un objetivo que parecía lejano en varios momentos de su carrera pero que finalmente se materializó en Qatar 2026.

Su trayectoria profesional lo llevó a jugar en diversos clubes antes de consolidarse como una opción ofensiva relevante para la selección española. El trabajo constante y la calidad demostrada en el terreno de juego le permitieron ganarse la confianza del cuerpo técnico de la Roja.

Galicia en lo más alto

Este logro trasciende lo individual y representa un hito histórico para Galicia como región futbolística. Iglesias se suma a la galería de grandes jugadores españoles campeones mundiales, consolidándose como referente de su tierra natal y demostrando que el fútbol gallego puede producir campeones mundiales.

El delantero compostelano deja constancia de que la dedicación, el sacrificio y la fe en los propios objetivos pueden llevar a alcanzar los sueños más ambiciosos en el deporte profesional. Su coronación como campeón mundial representa la recompensa a una carrera construida con esfuerzo y pasión.

España, con esta victoria en la Copa del Mundo 2026, reafirma su condición de potencia futbolística mundial, demostrando que su modelo de juego y su cantera de futbolistas siguen siendo competitivos en el máximo nivel. El gol de Ferrán Torres en la prórroga fue la clave para que la Roja alzara el trofeo más preciado del fútbol internacional.